viernes, 1 de enero de 2016

Una dulce rendición, ante la falta de amor

Son tantas veces las que intentamos que algo funcione. Ocurre en lo cotidiano, en lo laboral y lo personal. Ocurre un problema o situación que queremos remediar, y gastamos fuerzas, nuestra mente, nuestro físico, la cinética en el cuerpo, y cada gramo de energía en solucionarlo. Pero, ¿Qué ocurre cuando ésto no tiene solución, y aún así no queremos dejarlo ir? Cuando la física o la química de la escena ya no dan para más. No hay una segunda salida. No hay una posible alternativa. Son muchos los intentos. Nuestro cuerpo y mente están cansados de intentar, porque confiamos, porque tenemos fé en que la situación puede ser diferente. Porque la hemos imaginado diferente. Porque la DESEAMOS y QUEREMOS diferente. Porque invertimos nuestro tiempo en que fuese diferente. Porque nos interesa. Porque amamos. Porque sentimos. Porque creemos. Porque hay esperanza. Porque las leyes de nuestra vida no actúan en base a "desechar" lo que no abona, sino siempre intentarlo: Sacar lo mejor de nosotros y reparar el daño. 
Pero, ¿Qué ocurre cuando simplemente no contamos ya con energía física ni mental para seguirlo intentando? ¿Qué ocurre cuando no se atraen las partes en sincronía para resolver la situación, y simplemente hay una repetición de uno u otro lado, y no un invisible pero notable acuerdo? Se deja de luchar. Clear all.

Ya no quedan energías. El salón está vacío. No hay luz que continue y nos aliente a continuar. Simplemente lo dejamos ir. Porque el tiempo no transcurre en vano. Porque no es posible mirar eternamente una puerta medio abierta, y olvidar que podríamos tener muchas más puertas abiertas, pero estamos tan concentrados en la misma puerta, que no lo vemos. La vida nos pasa de largo. Nos olvidamos inconsientemente de momentos que podrías disfrutar y generarte mucha mejor experiencia que la que estás viviendo. Con ello, no quiero decir que siempre hay que abandonar al primer intento. La capacidad de permanecer en una situación que requiere adaptación física o mental depende de la afotunada diversidad que existe en cada ser humano. Debe haber, como muchas placenteras situaciones en la vida, un equilibrio entre "lo intento de nuevo, continuo.", y "no aporta ya a mi vida, hasta luego".

Porque aunque el amor hacia una persona u objeto creamos es suficiente, debemos ser acertivos, y darnos cuenta que no lo es. Tendríamos que definir de nuevo ¿Qué es el amor? Si nos vamos a la definición en la RAE, del 02 de Enero de 2016, encontramos:

Amor: "(Del lat. amor, -ōris). m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser."

Enseguida, "desmenuzaremos" un poco (Como se desmenuza el pollo) dicho concepto:

"Partiendo de su propia insuficiencia": La mayoría de los seres humanos necesitamos estar en comunicación con otras personas. Sólos comúnmente no somos suficiente. Sea por convivencia, aprendizaje ó desear colaborar, comúnmente necesitamos estar con otras personas.
"Necesita y busca el encuentro y unión con otro ser". "Encuentro y unión". Cuando nos unimos a una persona, objeto ó situación, es porque éste tiene características que lo hacen agradable a nosotros. Y debe ser por una relación ganar-ganar. La entidad a la cual permanecemos en contacto aporta a nuestra vida, y nosotros aportamos a ésta entidad. Si es un objeto, le damos utilidad. Si es una situación, aportamos experiencia. Si es una persona, aportamos compañía y muchas otras cosas (If you know what I mean XD).

Entonces, basados en la anterior definición, y agregando de mi cosecha, el amor implica una relación bilateral. Es decir, el agua no debe fluir únicamente de un lado hacia el otro. Siempre debe haber sentimiento recíproco. 

Aquí muchos podrían decir: "Pero está el amor incondicional", que a ésto le llaman al hecho de dar a manos llenas sin esperar nada a cambio (Que no significa amar. Siempre hay algo en respuesta. El amor verdadero DEBE tener una respuesta de vuelta. Puede ser intangible. Puede ser inconsiente, pero siempre haber algo de vuelta).

Muy bien, para quienes dicen acerca del "amor incondicional", tendría dos preguntas:
1. ¿En qué momento empezarás a amarTE incondicionalmente? 
2. ¿Te das cuenta que al "amar" incondicionalmente (Que sería más "dar a manos llenas sin esperar nada a cambio") estás restandole funciones que la otra entidad debería realizar, por lo tanto, estás haciéndola una entidad inútil?

Con el punto dos, me refiero a que, cada entidad en nuestro planeta o universo tiene una función y características que lo hacen únicos, y que lo hacen ser quien es. Si empiezas a "Dar de más" a ésta entidad, entonces, tomas responsabilidades que talvez no deberías de tomar. Por poner un ejemplo, digamos que "amas" a tus hijos, y por ello les das todo a manos llenas. Pero estás entonces tomando la responsabilidad de siempre TÚ proveer, cuando deberías mejor hacerlos INDEPENDIENTES, para que ellos mismos provean para ellos y los suyos.

Volvemos al tema del amor. Creo humildemente que el amor hacia una persona ó entidad debe siempre incrementar, no restar a tu vida. Cada situación, cada elemento, cada persona, tiene sus muy particulares características, y están hecho(a)s bajo cierto perfil. 
No se puede poner por ejemplo, a un médico, a controlar el tráfico aéreo. El perfil de tráfico aereo requiere ciertas características y conocimiento que el médico no tendrá, por lo que no puede suplirlo. Debes DEJAR IR al médico.
Lo mismo ocurre en los objetos. No puedes poner un cartón hueco a sostener un escritorio, porque las características físicas del cartón no lo permiten: mejor consigue un bloque de concreto o ladrillo. Debes DEJAR IR al cartón.
Lo mismo ocurre con las personas. No puedes continuar en el camino de alguien que en ese momento de tu vida no considera que seas alguien que aporte a su vida, ni te considere importante con sus ACCIONES. Debes DEJAR ir a la persona.

Personalmente, paso por una experiencia donde ahora dejo atrás unos años de pensar en otra entidad, bajo el lema de "Es que puede ocurrir", "Es que podría cambiar", "Es que si pudiera", "Es que no pierdo nada". Y muchas veces estuve equivocado, porque realmente no podía ocurrir, no podía cambiar, no había un "pudiera". No existen las suposiciones. Más bien existen las acciones, que es lo que podemos medir. No por nada los libros de fantasía nos hablan de maravillosos mundos que existen en la imaginación, porque son palabras, que pueden construir castillos, crear dragones y fantásticas situaciones; pero son palabras, no hechos.

Dejar ir, siendo honesto contigo mismo, por todas esas veces que lo intentaste de nuevo, que creíste en volver, que esperabas más, que "no perdías nada", que valdría la pena, que todo cambiaría, es una experiencia liberadora. Siempre estará el fantasma de la duda e incertidumbre. Pero de nuevo, va lo que indico en alguna parte de éste humilde escrito: Si resta a tu vida más de lo que suma ó al menos no está en equilibrio: no vale la pena.

Una dulce rendición, por todas las noches en vela, la tinta en las cartas sin destino, las páginas húmedas, las flores secas, los mensajes escritos, las oraciones al cielo, pidiéndo por salud y bienestar, las velas encendidas. Una dulce rendición hacia la entidad que sacó lo mejor de ti para dárlo incondicionalmente, dejándote vacío, pero después, llenaste ese vacío con la enriquecedora y única sensación que puede dejarte la experiencia.


"Let go", de Sang Yoon Jeong


Espero el texto no haya resultado demasiado confuso. Gracias por leer. ¡Buenas noches y feliz año 2016!

No hay comentarios: