viernes, 11 de diciembre de 2015

Aún ido

 Te fuiste hace años, pero nunca te marchaste realmente de aquí. Aún te percibo por las mañanas, en mi primer pensamiento, en el amanecer fugaz, en la primera taza de café.

Lo peor son las crisis de medianoche. Una vez que los taciturnos vientos cesan, llega como una neblina, el recuerdo. Aparece y penetra en todo rincón, aunque invisible, imparable e inevitable, colocando su presencia en toda la casa y en los recobecos de mi pensamiento. No cede, no quiere ceder. ¿Porqué? ¿Por qué si ya hace tanto tiempo de ésto, no se marcha tu fantasma? Quiero que se vaya, de verdad, pero no sé cómo.

No sé la manera de dejar ir una memoria que no me pertenece, un corazón que ya no me acontece, un pensamiento que ya no es en mí.

No sé qué día dejaré de vivir en un pasado que ya no acontece, en la prisión que habito libremente, porque no sé arrancar ésta raíz.

Juro que te quiero dejar ir, de verdad lo quiero, lo deseo. Pero no he encontrado fórmula. ¿Qué hiciste, o qué hice para anclar tu escencia? ¿Dónde está esa cadena que con gusto he de romper, para vivir mi vida en paz, y dejar descansar tu memoria?

Tantos pensamientos, tantas copas de vino con versos lanzados a la luna desnuda, testiga de cada gota de agua salada que ha derramado el mendigo poeta de tu corazón. Ya no puede hacer nada, no sabe por dónde comenzar algo que no ha terminado aún, el evento que creó la ilusión de partida pero nunca culminó. Cuánta deshonra y desesperación se siente en el ambiente. Cuánta indecisión. Hay respuestas más que marcadas, respuestas que desearía, incluso haría lo que fuera, por que fuesen diferentes. La más importante: ¿Por qué sigues aquí?

Que ganas de que las lágrimas fuesen de mercurio, y así como llegan, se marcharan sin penetrar en nada ni nadie: ni en la piel que habito, ni en las memorias que creo, ni en el pasado que recuerdo. Que se marchen como llegaron: solas, hacia lugares donde no pueda verlas de nuevo, porque las que han sido derramadas en nombre de éste amor/obsesión, están inundando las pocas cámaras de aire que existen todavía. Cada gota a lo largo de tantos días ha terminado por acabar los rincones, los libros, las fotografías y los muebles. Y no cesa, la lluvia no cede. Parece fuente infinita de mar. ¿Cuando cesará ésta tormenta? ¿Por qué no cesas? ¿Por qué no te vas? ¿Por qué sigues aquí? ¿Por qué no te marchas? ¿Por qué me persigues? ¿Por qué no me dejas? ¿Por qué no te olvido? ¿Por qué no cicatrizo? ¿Por qué sigues tan fresco? ¿Por qué no te dejo ir? ¿Por qué sigues apareciendo? ¿Por qué sigo en éste camino? ¿Por qué no llega la ausencia de ti? ¿Por qué me aferro? ¿Por qué vivo en el pasado? ¿Por qué no puedo olvidarte? ¿Por qué continúas? ¿Por qué te mantienes tan real? ¿Por qué no te alejas? ¿Por qué no me retiro? ¿Por qué la distancia no es suficiente? ¿Por qué aún sigues aquí? ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué estás aquí?

domingo, 6 de diciembre de 2015

Tras el cristal de tus gafas

Inicia la vida en la jungla del concreto, donde tantas vidas se pierden entre la marea del tráfico y la indiferencia personal. Entre los ríos de personas, te encuentro un poco triste, pero al mismo tiempo con paso firme, sosteniendo con tus manos tersas tu maleta.
Tu sudadera escarlata, me llama la atención. Deslumbras entre lo gris de la rutina, dirigiendo tu mirada hacia el frente, tras el cristal de tus gafas. ¿Qué oculta tu persona? ¿Cómo llegar a tí? ¿Existe el amor a primera vista?
En espera de la luz verde peatonal, tu mirada sigue fija delante. Es visible el vaho cálido que exhala tu boca, siendo expulsado de tus labios carnosos, un poco agrietados por el frío del concreto y el clima. Esos labios, bendito(a) quien los haya tocado con su boca, cerrando los ojos al contacto, y después del roce con tu piel, contemplando tus claros ojos que reflejan tu alma, tras el cristal de tus gafas. 
Sigues delante hacia el transporte público. Dios, la visión de la mañana ya ha cambiado. No es la misma, desde que te veo subir en tu trayecto matutino, deleitando con tu piel a éste loco escritor taciturno, en ocasiones impulsivo, como muchos locos. ¿Te volveré a ver de frente bajo el mismo cielo, a ti y el iris de tus ojos cafés, tras el cristal de tus gafas?
El mundo se detiene ante tu visión, ante tu presencia pacífica, imponente, deseable, admirable, pero también entrañable, melancólica y fugaz. Si tan sólo estuvieras aquí, podría quedarme fundido aunque fuese en un instante en que tus manos rozaran mi piel, y yo recorriese con mis manos tu cuerpo, llevando la yema de mis dedos a través de tus brazos, iniciando con tu cabello, un poco revuelto por el viento de la ciudad. Luego bajan por tu espalda y recargan la palma completa en tu cuerpo a la altura de tu pecho, al tiempo en que las manos de éste soñador individuo observa en todo momento tus pupilas, tras el cristal de tus gafas.
No tengo mucho tiempo, ya has llegado a tu destino. ¿Existe el destino? ¿La vida es el camino, y no el final? ¿Es cosa de destino, ó es cosa de decisiones de cada individuo, donde no hay cuentos de hadas ni amor a primera vista, ni cartas de amor? ¿Se puede empezar de nuevo? ¿Existe el amor a primera vista? ¿Qué significa amar? Creía tener respuesta a todas las preguntas, antes de entrar a la zona donde se encuentra el borde de la locura y la razón, antes de que tuviesen qué repetirme lo que ya sé: la vida sigue. Antes, cuando toque el cielo con mis propias manos en la tierra, cuando mis labios rozaban los tuyos y recorrían tu piel, cuando tenía de frente tus ojos, tras el cristal de tus gafas.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Pensar o no pensar, esa es la cuestión

La vida en teoría es fácil y no complicada, y no debes “pensarla” demasiado. Eso lo dicen algunas frases: “La vida no debe ser entendida, sino vivida”. Y a pesar de que en muchas ocasiones coincido con dicha frase, creo que como la respuesta a muchas preguntas en la vida, dependen de las circunstancias de momento y lugar.

En repetidas ocasiones, tienes frente a ti una oportunidad, que no se presenta todos los días: ¿Debes tomarla o dejarla ir? ¡Qué complicado en ocasiones encontrarse frente a ésta interrogante! Sobre todo si tienes muchos motivos del lado (A) y del lado (B) y es complicado “medir”, puesto que no a todo puedes aplicar una escala matemática (O tal vez podrías, pero podría irse la vida en lo que resuelves un modelo matemático para darle importancia a los temas, dada la cantidad infinita de posibilidades).

Lo relaciono personalmente con encontrar dinero por la calle: ¿Debes tomarlo o dejarlo?

¿Por qué tomarlo? Algunas respuestas comunes pueden ser: “Prefiero yo que otra persona”, “lo necesito”, “no me molesta tener más dinero en mi cartera”. ¿Por qué no tomarlo?No es de mi propiedad”, “Alguien podría necesitarlo más que yo”, “Alguien podría volver y buscarlo”. O en ocasiones, la respuesta puede ser tan simple como: Porque puedo. No hay una respuesta correcta: la respuesta correcta, es la que tú necesites ó decidas en el momento.

En el caso particular del dinero, si eres de los que piensa mucho las cosas, podrías responder con otra pregunta: ¿Realmente lo necesitas? Creo que conforme vamos pensando más en los demás, definitivamente el mundo será un lugar mejor donde nuestros hijos convivan, pero dedicaré una entrada para dicho tema más adelante.

Dejarse llevar por impulsos no es bueno ni malo, simplemente es. Así como pensar las cosas demasiado, también es. Creo que lo “malo” es estar siempre de un lado de la balanza, y no darte la oportunidad de conocer el otro lado. Claro que, hay cosas que son impensables para cada persona, dependiendo la importancia que da a cierto tema (Las relaciones, la familia, el dinero, la salud, entre otros), pero de vez en cuando, en un tema que no fuese uno de tus núcleos (De lo que te hacen ser tú, vaya), si no lo llevas a la práctica, podrías darte la oportunidad de al menos conocer otros puntos de vista.

¿Tomarla o dejarla ir? Hay dos extremos: pensarlo demasiado y ver cómo la oportunidad se aleja de tu lado, ó actuar por instinto y tomarla aunque tal vez no la necesites en el momento: ¿Cuál es la mejor? Ninguna: depende de lo que necesites en el momento, las circunstancias de momento y lugar.

Creo que la vida se vive por etapas, como muchas cosas. Etapas y momentos. Todos vamos en el camino vagando por las múltiples dimensiones, entre la hermosa diversidad que nos presentan las decisiones: frío-caliente, bueno-malo, mujeres-hombres, ahorrar-gastar, reír-llorar, salir-dormir, entre otras cosas. Y curiosamente, la primera pregunta de ésta entrada inicia con los opuestos de una interrogante ¿Tomar o dejar?

La vida es un constante vaivén, donde el pensamiento con el que nos despertamos por la mañana determina mucho de nuestras decisiones, sobre todo si nos encontramos en un periodo determinado de tiempo, donde estamos aprendiendo a comprender la diversidad humana, la calidad en las relaciones, o salimos/entramos en un periodo de experiencias personales, donde queremos/debemos procesar todo lo que ocurre en nuestro alrededor, y a partir de ello, hacernos una mejor versión de nosotros.

La foto del día (O de la noche XD):

Comparto una fotografía de Mazamitla, hermoso lugar que tuve oportunidad de visitar hace aproximadamente una semana.

Cuando pregunten: También encuentro atractiva Mazamitla oscura.

lunes, 12 de octubre de 2015

Cuando pasó tu infinito ante mis ojos

Mi rosa de adviento, mi vida de letras.
Qué cruel el momento, ¿Por qué no regresas?
Quiero volver en el tiempo, voltear la etiqueta,
¿Qué podría estar haciendo, para tener tu respuesta?

Creo que hace tiempo, ya no escribo poemas.
Se quedó en tu recuerdo, mi universo de letras.
Yace en el horizonte, bajo el cielo de agonía,
los más dulces recuerdos, cuando en brazos me tenías.

Talvez la vida me obliga a pensarte diariamente,
A no superar tu partida, a amarte eternamente.
A aprender a hablar tu idioma, a mencionarte en oraciones.
A recordar tu dulce aroma, a esperarte sin razones.

Sin tenerte hoy a mi lado, sintiendo cenizas en el aire,
viendo tu nombre en todos lados, sin querer que me desaire.
Formando increíbles paisajes, de los días que no llegaron,
de las noches sin personajes, de las promesas que quedaron.

Mucha pena lleva el río, aún navega entre sus aguas
el maldito martirio de tu presencia antigua.
¿Cómo detener tu eco, fuerte y firme de tu esencia,
cuando eres algo etéreo, pero sé de tu existencia?

Hilo rojo de mis pulgares, mi pedazo infinito de cielo,
juro por mi alma, los mares, y mis días que aún te quiero.
Que de tus ojos increíbles, destellaba luz de vida,
y de tu boca apetecible, el deseo de una mordida.

Días de lluvia y de frío, de constante soledad,
marcan el presidio, de mi menguante voluntad.
Mi voluntad de querer olvidarte, desterrarte de mi mente,
¿Cómo poder arrancarte? Si mueves mi sangre en un torrente.

¿Es que debo pedir a Caronte, el guiador del inframundo
que lleve mi alma hacia el Norte, donde no conozca tu mundo?
Que absorba de mi tu energía, que evapore tu mirada,
la que hace dos años seguía, y en mi mente sigue grabada.

Hay días en que no sé, si debo amarte u odiarte,
si espero que algo más se dé, ó llevo mis versos a otra parte.
Como material peligroso, de ese que se vuelve volátil,
inflamable y misterioso, entre lo fijo y lo errátil.

Puede ser que esté muy loco, taciturno ante tí postrado,
y aún me aferre un poco, a lo increíble del pasado.
No sé si quiero ayuda, porque dejaría algunas raíces,
me provocaría muchas dudas, borraría muchos matices.

No sé si un día culmine, la magia de tu amor extinto,
aquella historia en el cine, el recuerdo de lo distinto.
Creo que tu vida en mis sueños, es porque extraño tu sonrisa.
Porque ambos creímos en ello, y esperamos sin prisa.

¿A dónde terminará tu recuerdo? ¿Será una trampa mental?
Tan infinito como el universo, tan duradero, tan inmortal.
Sólo sé que te quiero, y no te he dejado de pensar,
despierto y te soy sincero, no te he dejado de amar.